¿Podremos cambiar una costumbre, por el bien de todos?


Dos egresadas de la Universidad Nacional de la Plata, Mariela Luna y Florencia Larralde Armas,  llevaron a cabo una investigación sobre el motivo por el cual a los egresados de instituciones educativas de orden superior se les arrojan huevos, harina y otros elementos en una actitud que se asemeja más a la mortificación que al festejo.  Consideran las autoras de esta investigación que este rito marca el pasaje de un estado social a otro, en este caso, de estudiante a profesional. Señala su ingreso a la vida “responsable” y laboral.
¿Es que el estudiante no ha sido, hasta ese momento, “responsable”? ¿Es ésta la manera que se nos ocurre para anunciarle que está en tránsito de una vida alegre y agradable, acaso inconsciente,  a un estado de trabajo arduo? ¿Estaremos sugiriendo que la profesión que ha elegido y  finalmente concretado podría, quizás, hasta ser rechazable?
En un país donde hay personas cercanas a nosotros que necesitan esos huevos y esa harina para mantener a sus hijos y a sí mismos, ¿es dable aceptar y adoptar esta manera de celebrar que un ser querido ha cumplido su sueño?
El estudiante que por primera vez descenderá los escalones del portal de su institución educativa convertido en colega de aquellos que lo evaluaron, ¿por qué lo permite? ¿Por qué se prepara – aún cambiándose de ropa – para recibir esa agresión disfrazada de festejo, que parece presagiar sinsabores? ¿No preferirá, como sucedió hace unos días en el acceso a nuestro Instituto, que caigan sobre su cabeza pétalos de rosa, en una expresión de deseo de que su camino de ahí en más esté sembrado de alegrías y bondades?
La entidad educativa que formó a estos egresados dedicó a ellos muchas horas de trabajo, de enseñanza, de tutoría, de acompañamiento. ¿Por qué debe ver manchadas sus puertas, sus escaleras, sus aceras? Los vecinos, los transeúntes, los dueños de los automóviles estacionados frente al edificio  tampoco merecen sufrir las consecuencias de estas acciones. Lo que alguien ensucia debe ser limpiado. Y estos actos implican que otras personas deban poner en condiciones  las instalaciones para que los que no son parte del ‘festejo’ encuentren todo en orden cuando ingresan al edificio.
Invito a nuestros estudiantes a comenzar a cambiar esta costumbre. Algunas tradiciones merecen ser mantenidas. Otras merecen caer en el olvido. Debemos buscar nuevas ideas, así como cambian las maneras de comunicarnos, de enseñar y de aprender. Seguramente, siendo seres inteligentes como son, alumnos que no solamente pueden estudiar, sino que además estudian en dos idiomas, sabrán encontrar un modo especial de festejar, un modo diferente. Así como somos pioneros en la aplicación de las últimas metodologías, en el uso de elementos tecnológicos,  seamos diferentes en la manera de festejar. Este es un desafío a su creatividad, futuros egresados. Encuentren un modo más cordial y más solidario para que sus familias y amigos  les demuestren su alegría por el logro obtenido.

Será una razón más para que todos los que integramos el San Bartolomé los felicitemos.
Prof. Graciela Castelli

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